sábado, 13 de abril de 2013

Estado Actual de la Ciencia

 


Los progresos de la ciencia han sido muy rápidos en los países desarrollados; en cambio, en los países subdesarrollados su adquisición es tan lenta que cada día la diferencia entre dos tipos de países se hace más grande. Dicho retraso contribuye a mantener e incluso a agravar la situación de dependencia de los países subdesarrollados con respecto a los desarrollados.


Como la ciencia ha pasado a formar parte de las fuerzas productivas en mucho mayor medida que nunca, se considera ya que hoy se trata de un agente estratégico del cambio en los planes de desarrollo económico y social.
La ciencia ha llegado al punto de influir sobre la mentalidad de la humanidad. La sociedad de hoy no esta cautiva en las condiciones pasados o en las presentes, sino que se orienta hacia el futuro. La ciencia no es simplemente uno de los varios elementos que componen las fuerzas productivas, sino que ha pasado a ser un factor clave para el desarrollo social, que cala cada vez más a fondo en los diversos sectores de la vida.
La ciencia trata de establecer verdades universales, un conocimiento común sobre el que exista un consenso y que se base en ideas e informacion cuya validez sea independiente de los individuos. Hay algo que pienso que es de gran importancia resaltar y es que el papel de la ciencia en la sociedad es inseparable del papel de la tecnología.
La Tecnología no solamente invade toda la actividad industrial, sino también participa profundamente en cualquier tipo de actividad humana, en todos los campos de actuación. El hombre, moderno utiliza en su comportamiento cotidiano y casi sin percibirlo una inmensa  avalancha de contribuciones de la Tecnología: el automóvil, el reloj, el telfono, las comunicaciones. entre otras.  
Ciencia: el conjunto de conocimientos racionales, ciertos y probables, obtenidos metódicamente, mediante la sistematización y la verificación y que hacen referencia a objetos de la misma naturaleza
Tecnología: está presente en todos los ámbitos de la vida cotidiana. De una forma u otra, casi todas las actividades que realizamos a lo largo del día implican la utilización de algún dispositivo tecnológico.


La ciencia y la tecnología como fuerzas productivas de la sociedad moderna

Los productos tecnológicos constituyen uno de los resultados de la actividad creativa del hombre. Ellos completan y adecuan el cuadro de la realidad a las necesidades de la sociedad. Estos productos, al contrario de lo que ocurre con los conocimientos que aporta la ciencia, poseen primero un carácter ideal y, posteriormente, adoptan una forma material específica.
Los sistemas biológicos en lo fundamental, se adaptan al medio circundante; a diferencia de éstos, la sociedad humana, con una esencia social, se manifiesta como un sistema que modifica al medio -ejerce una función transformadora sobre él- para hacerlo habitable y adaptar la naturaleza a sus necesidades.2
Se entiende por proceso de transformación de la ciencia en una fuerza productiva inmediata, a la paulatina transformación de esta en un factor necesario del proceso productivo, al influjo creciente de la ciencia sobre todos los elementos materiales de las fuerzas productivas.
Si el conocimiento representa la transformación del objeto material en ideal, el movimiento de la ciencia hacia la esfera productiva representa un proceso de transformación de lo ideal en material.
Tanto la ciencia como la tecnología se han convertido en una fuerza productiva inmediata de la sociedad moderna, es decir, en un factor necesario del proceso de producción que ejerce una creciente influencia no sólo sobre los elementos materiales -y hasta espirituales- de las fuerzas laborales, sino que alcanza también a todas las esferas de la actividad humana.
La utilización sistemática de los conocimientos científicos y de las nuevas formas materiales generadas en el sector tecnológico, se ha impuesto como condición para el desarrollo social. Su utilización constituye una de las tendencias que con mayor fuerza caracteriza a la sociedad moderna y ejerce en ésta un empuje cada vez más creciente.
La fusión de la ciencia con la tecnología y de ésta con la producción material en general, así como la conversión de la ciencia en fuerza productiva inmediata, son rasgos característicos del cambio cualitativo radical que actualmente se opera en las fuerzas productivas. Por ello, el progreso histórico de la ciencia y la tecnología no es más que un aspecto del desarrollo histórico del ser humano, como la principal fuerza productiva de la sociedad.
Se hace referencia no sólo a los conocimientos científicos, sino también a la ciencia en general, el proceso de conversión de ésta en fuerza productiva inmediata consiste asimismo en que los eslabones de la investigación científica pasan a ser elementos importantes de las empresas industriales, que se incluyen directamente, sin ninguna mediación, en la esfera de producción material. 

 

Algunas reflexiones críticas

Dije antes que en América Latina la reflexión sobre CTS ha derivado en mayor medida hacia la constitución de un campo de conocimientos que hacia la formación de un movimiento social. En lo que caracterizamos como los inicios de la problemática CTS, sus cultores —independientemente de su posición o perspectiva teórica— parecían estar comprometidos, en mayor o menor medida, en una militancia crítica de la ciencia y la tecnología. Respecto a la ciencia, la crítica hacia la dependencia cultural de la ciencia latinoamericana pretendía revolucionar la orientación de su desarrollo hacia los problemas de la sociedad local. De la misma forma, los planteos en torno a las políticas tecnológicas y a las críticas hacia las instituciones heredadas o trasplantadas de tales políticas buscaban movilizar los resortes del Estado (e inducir a políticos, empresarios, científicos, funcionarios) en pos de decisiones y mecanismos que aseguraran un desarrollo tecnológico acorde con las necesidades nacionales. Con este carácter, el esfuerzo intelectual llevado a cabo en los 60-70 se encaminó hacia la conformación, por lo menos tácita, de un movimiento de opinión y presión social.
Como vimos, ahora la política se ha transformado en gestión y la militancia del movimiento en formación de expertos. De ahí que, sea por el acotamiento al medio académico de los tópicos de conocimiento de CTS, sea por la lógica de la administración como principio de adaptación a los dictámenes de la competitividad internacional, el esfuerzo intelectual de CTS prescinde por ahora de su carácter movilizador y de su pretensión de cambio.
Esto puede verse con claridad si tenemos en cuenta qué tópicos predominan en la formación CTS en América Latina. De un total de 16 programas de postgrado vinculados al campo en universidades latinoamericanas, 9 están dirigidos a la formación de gestores en tecnología e innovación, 1 relacionado con la formación en economía de la innovación como núcleo central (aunque combine con formación en gestión tecnológica), 4 coordinan asuntos de gestión con una visión más amplia de la problemática de las políticas en ciencia y tecnología, y 2 vinculan estudios sociales de la ciencia y la tecnología con análisis organizacionales y de gestión desde una perspectiva no predominantemente administrativa.
En términos generales, el perfil profesional que los programas de formación proponen a sus alumnos es el de adquirir «pericia» en los manejos gerenciales, sobre todo de la tecnología dentro de las empresas, y, en menor medida, en las organizaciones de I+D o en los organismos públicos y privados de promoción y financiamiento de ciencia y tecnología.
Un estudio realizado por Dagnino, Thomas y Gomes, basado en una muestra de 312 trabajos presentados a los principales eventos académicos de la región durante 1996, presenta la siguiente distribución según los enfoques disciplinarios:
· ética y filosofía: 3%
· sociología e historia: 11%
· política (incluyendo políticas micro institucionales y también macro de alcance nacional o regional): 17%
· economía de la innovación: 24%
· administración y gestión: 45%


Por otra parte, dadas las características de los trabajos, los autores señalan el predominio claro de: a) los estudios aplicados sobre los de naturaleza especulativa o teórica; b) los estudios de caso y sectoriales sobre los comparativos y nacionales o regionales; c) los estudios micro sobre los macro; d) los estudios administrativos y económicos sobre los políticos, sociológicos y éticos.
Creo que vale la pena llamar la atención sobre estos resultados. En primer lugar, el predominio disciplinar parece subrayar la importancia de los criterios de eficiencia administrativa y tecnológica. Por una parte, la baja participación de estudios de tipo sociológico sugiere una escasa penetración de las perspectivas intelectuales que enriquezcan la comprensión de actores y de procesos en sus relaciones sociales. El pobre interés en estudios de políticas macro sugiere quizá la falta de motivación de parte de la intelectualidad del campo por aportar comprensión y rectificación al papel de los poderes públicos y a la viabilidad de sus programas. La poca preocupación por cuestiones éticas sugiere el soslayamiento de un punto de vista crítico sobre las consecuencias o el ejercicio del poder del conocimiento científico y la tecnología.
El predominio de estudios micro reitera el bajo interés por el impacto y la relevancia social de las cuestiones de la ciencia y la tecnología. Como antes dijimos, en apariencia la orientación predominante privilegia la acumulación de experiencias micro y de las individuales como estrategia agregada de cambio social, sin reparar en los procesos de escala global, propia de los actores políticos del sistema: Estado, movimientos sociales, partidos políticos, corporaciones (como las empresariales y científicas). Estos son actores ausentes en la interpretación latinoamericana del escenario CTS. La misma apreciación cabe si tenemos en cuenta el predominio de los estudios de caso por encima de los comparativos o de nivel nacional y regional.
Pero la gran ausente, tanto en este recuento de trabajos de congresos como en los programas de formación CTS, parece ser la misma sociedad. En efecto, la S de las siglas CTS debería referirse más a lo «social» como categoría cognitiva, que a la «sociedad» como ámbito de desarrollo de los fenómenos y como sujeto colectivo. Nada permite suponer que en interés de los cultores del campo se pretenda una democratización de la ciencia y la tecnología, una apropiación de su dinámica y de sus resultados por parte de la sociedad en su conjunto. Llama la atención que, por una parte, no existan trabajos o programas (en medida relevante) que destaquen desde un punto de vista crítico los impactos tecnológicos sobre la vida de la sociedad (calidad, tejido social, integración social, distribución de beneficios, etc.); por otra, que no se registren estudios o programas de formación destinados a plantear la cuestión de la divulgación científica y tecnológica como procesos de apropiación simbólica por parte de los ciudadanos respecto de los contenidos de la ciencia y la tecnología. 


Se ha puesto en uso el concepto de «sociedad del conocimiento» como una categoría gnoseólogica de la idea de sociedad postindustrial. En la región se repite la necesidad de avanzar sobre el desarrollo de este tipo de sociedad si no se quiere perder el tren de la historia. Pero una sociedad así no es posible sin la democratización del conocimiento.
Tal es, a mi juicio, la carencia fundamental de la evolución del campo CTS en la región; una carencia que quizás se explique por la escasa atención brindada a los problemas de la ciencia y la tecnología a lo largo del proceso educacional del individuo. Esta es una tarea pendiente que no se restringe a facilitar la comprensión de los contenidos estáticos de la ciencia, sino a entender su dinámica de producción, de forma que pueda romperse la exclusión a partir de lo esotérico y la sociedad se apropie del contenido y evolución del conocimiento.
















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